Una Carta Familiar

Carta de una familia

UNA CARTA FAMILIAR

Este año hemos estado en una nube. ¡Hemos logrado no bajarnos de ella!

Eduardo Galeano dijo:

“La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar”.

Recordando estas palabras, podemos decir que es la primera vez que conseguimos dar los pasos necesarios y llegar a la utopía, abrazarla, tocarla, acariciarla, sin que ella se haya alejado un paso más.

Hoy queremos contaros una historia. A lo mejor os suena de algo…

Llegamos.

Un felpudo donde no hace falta sacudirse nada. Aquí se puede entrar como vienes, con lo que traes, sobre todo con aquello que traes dentro.

La campanita suena porque unas manitas curiosas investigan ese tintineo.

Nuestros zapatos se quedan esperándonos en la balda de abajo, mientras nuestros pies se alegran de poder moverse en libertad. Estas baldas cobran vida mientras jugamos. Allí se reúnen zapatos grandes acompañando a zapatos pequeños.

¡Ah, mira! Ahí llega Fernando con sus zapatillas en la mano. Algún vecino se pregunta qué pasará ahí dentro. Un día le van a decir algo…

Carmen se lo va a pasar ¡upi, upi! Descubrió que, sin calcetines, el tobogán era una aventura posible y allí arriba había un mundo por descubrir. La voz de Carmen ahora se escucha de fondo, parloteando, contándose el mundo.

Por una puerta entreabierta se cuela Elsa. Desde bien pequeña camina, corre… libre, sin miedos. Trepa, sube, baja…y con mirada pícara mira a las espalderas con deseo… El tobogán ya es pan comido para ella…

Su hermana Sofía la entiende muy bien. Es una experta en bebés. Aún recordamos la conferencia sobre desarrollo infantil que se marcó. Gala lo debió intuir porque decidió soltarse a andar en su cumpleaños…

Sofía dejó el pañal, fue creciendo y empezó una gran aventura en su cole nuevo. Ana nos va contando…

¡Ay, Ana! Has tejido una red para mantenernos en relación. Gracias por tu cuidado, tu implicación, tu estar ahí y tu generosidad.

Mientras, Elsa sale de un cajón, pensando que nadie la mira. Sin embargo, está bajo la atenta mirada de Mirko, asustado ante tanto desafío y preguntándose en silencio: ¿cómo es capaz de hacer eso?

Sin tiempo para contestarse, ve a Lucas que avanza decidido hacia el tobogán. Mirko aguanta la respiración, aunque ponga buena cara. Lucas se tira de cabeza. Lucas controla.

Al fondo, Miguel toca el xilófono, mientras piensa dónde lanzar aquella tentadora pelota. De esta manera ha aprendido a medir las distancias. Venir desde tan lejos se hace largo, pero merece la pena. Aitana se anima a tocar la pandereta, vestida de flamenca. Con esta orquesta de fondo, Teresilla, que se había tumbado en la cama, no puede seguir durmiendo. Ante este panorama, se levanta y decide ir a la compra.

Es la hora del desayuno.

Ya se oye el “chas, chas” de Mª Ángeles cortando la fruta. Ya nos vienen a saludar los que se van haciendo grandes: Lila sonriendo y dando sus primeros pasos, Telmo dejando las cadenas para más tarde, Daniel con su mirada intensa, Hugo, Pablo, Pelayo, Alba, Luis el Pelirrojo…

Gael deja su sombrero y se une al desayuno. Sara, Jara y Vera buscan cómo sentarse juntas. Se han hecho muy amigas. A Vera la rubita le pareció ver galletas pequeñas en la encimera. Sofía trepa por su mamá, Cristina, que tiene a Leo en el fular. Leo mira atento y se le escapa una sonrisa. Blanca termina su fruta y se va a jugar con Sergio y Luis (el de María).

Tienen ante sus ojos, las comiditas, el florero, los disfraces, las construcciones, la investigación, el movimiento…la libertad.

Después de jugar, nos vamos reuniendo en el corro, para despedirnos mirándonos a los ojos, con la canción de la luna y el sol.

Os queremos agradecer que un día cualquiera, como el que hemos rememorado, se convierta en un día especial.

Gracias, Pilar, por acompañarnos como familia con tanto calor y sabiduría. Por ser la maestra que siempre hubiéramos querido tener, y hemos tenido, ahora, de adultos.

Gracias, Cecilia, por tu mirada y tu acogida. Para nosotros eres apertura y generosidad. Disponibilidad para aportar, siempre ahí… Gracias por tu capacidad para mirar desde el rincón sin interrumpir, por relatarnos los progresos de Gala, contarnos aprendizajes y descubrimientos con esa gran ilusión…

Gracias, Mª Ángeles, por estar en todas partes, por sostener y organizar, para que todo haya sido un baile en el que no nos pisemos los pies.

Gracias por acompañar a Gala mientras va creciendo. Ya tenéis vuestro sitio en nuestros corazones. Las tres sois semillas que se quedarán en la vida de Gala, en sus mimbres.

Muchas gracias.

Junio de 2016. Carlos, Noemí y Gala.

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