Las Necesidades de los niños para construir el Vínculo

Las necesidades de los niños para construir el vínculo

¿CUÁLES SON LAS NECESIDADES DE LOS NIÑOS PARA CONSTRUIR EL VÍNCULO?

Acabábamos nuestra anterior entrada al blog CONSTRUIR EL VÍNCULO AFECTIVO MADRE-HIJO con esta pregunta a que vamos a intentar esbozar alguna respuesta.

Los niños y niñas cuentan con los recursos suficientes como para hacer por sí mismos, si se lo permitimos muchas más cosas de lo que podríamos suponer: mueve libremente sus brazos y piernas, gira la cabeza, percibe sonidos  y reconoce la voz, los olores de su madre, aprende que sus manos le pertenecen, que puede tomar y soltar, sacudir, frotar, golpear… que sus movimientos producen efectos sobre los objetos… y es de este modo como va explorando y haciendo suyo el mundo que le rodea, experiencias imprescindibles para conocerse y construirse a sí mismo, experimentar sus posibilidades de acción y descubrir. Es por esta razón que necesita que los adultos le permitamos y le facilitemos momentos de separación, de encuentro consigo mismo, de acción autónoma.

Es indudable que el contacto aporta un marco de seguridad muy necesario para que la acción autónoma sea posible. Pero no solo es importante el contacto corporal, hay otras maneras igualmente importantes para los niños y niñas: la intermediación de la palabra, la mirada, el tacto… la presencia sincera, la disponibilidad (“estoy aquí para ti, te estoy escuchando”).

Los niños y niñas necesitan la dualidad de la proximidad y la distancia, necesitan momentos de estar con la estrecha presencia de los progenitores y momento separación (relativa) para emprender la acción autónoma.

La función materna es también facilitar los medios para que el niño-a pueda construir  su identidad, haciendo sentir la presencia de su figura fundamental de referencia pero construyendo la distancia, es decir permitiendo tiempos de relación consigo mismo, con los objetos y con otras personas de su mundo próximo.

Dice Winnicot que es la manera en la que la madre expresa el amor en la forma más elevada: “no te quiero porque eres un bien para mi, quiero tu bien

Por tanto ENTENDEMOS:

  • El niño es una persona desde el momento del nacimiento, no es una prolongación de sus padres ni un proyecto de adulto, sino un ser completo que vive intensamente cada momento evolutivo por el que va transitando. Completo porque en cada uno de los estadios de su desarrollo tiene iniciativas, competencias (capacidad de hacer cosas por sí mismo), gustos y preferencias, deseos, necesidades y tiempos propios.
  • El niño/a necesita un adulto que le quiera y que esté disponible, y le permita vivirse también como ser independiente, porque cuanto mayor cantidad y calidad de huellas positivas, placenteras, se instituyan en el psiquismo temprano del niño más armónico será su desarrollo.

Estar disponible no significa estar todo el tiempo con el niño-a, significa también:

  • Respetar sus tiempos personales de maduración, no estar permanentemente estimulando para que acelere sus ritmos y crezca muy rápido, muy inteligente, muy…. Esto no quiere decir que estemos diciendo que los estímulos que ofrecemos a los niños-as a través de música, teatro… no sean positivos, sólo que en estas edades es condición imprescindible para su desarrollo, permitir su acción autónoma.

En general no se otorga suficiente importancia a la actividad independiente de las criaturas, es frecuente pensar que para ser buenos padres hay que estar siempre junto al niño-a, con la obligación de hacer algo con él todo el tiempo. No se creen importantes los descubrimientos que hace por sí mismo. Porque quizá todavía están por descubrir, en la sociedad, en las familias, las grandes capacidades que tienen los niños y niñas. Muchas veces y siempre desde querer “ofrecer lo mejor” a nuestro hijo-a estamos impidiendo (de muchas maneras) que los niños-as actúen por sí mismos (le tenemos “en brazos” todo el tiempo porque pensamos que es la manera de que establezca un buen vínculo, o que es lo que necesita en este momento…). Y esto tiene como consecuencia que los niños “esperen” que alguien venga a él, que le proponga algo, que el adulto le “haga hacer”, esperando pasivamente que alguien tome decisiones por él.

No tiene los mismos efectos para los niños-as aprender a través de su propia acción o de la acción de los otros, si ponen en juego su propia creatividad o la repetición de la propuesta que viene de fuera, por muy “estupenda que sea” a nuestro criterio de adulto. NOS PARECE MUY NECESARIO EL RECONOCIMIENTO DE LA ACCIÓN AUTÓNOMA DE LOS NIÑOS Y NIÑAS. NO ENTENDEMOS LA ACCIÓN AUTÓNOMA COMO LA REACCIÓN A LAS PROPUESTAS DE LOS ADULTOS.

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