CRECIENDO, espacio para niños de 2 años

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Abrimos la puerta, levantamos la persiana, nos quitamos los zapatos… Hacía un mes que no hacíamos estos gestos, que no realizábamos esta rutina, que no nos preparábamos para empezar una sesión de CRECIENDO.

Pero ya estamos aquí de nuevo.

Entramos en la sala.

Todo está como siempre: el mantel encima de la mesa, preparado para los niños y niñas que quieren desayunar (Cómo no acordarnos de las tostadas de Sara, Vera Marine y Jara, o de aquel bote de cola-cao que Carmen trajo un día ¡y nos duró todo el curso!), el rincón de la casita (allí Blanca y Mario les preparaban el último café a papá o a mamá antes de irse), los disfraces, el tobogán y la espaldera, las construcciones y por supuesto el rincón de los cuentos (todavía recordamos al papá de Vera Ordóñez contándole sus cuentos preferidos).

Si, está todo.

A ver… Un repaso rápido a las cajas sorpresa que nos ayudan a dar la bienvenida cantando. (Qué sorpresa la de Pablo cuando salía el cocodrilo, cómo le gustaba a Lucas el camión azul y si había piedras, Pelayo era el primero en cogerlas, y tras la canción, Elsa siempre nos recordaba que era el momento en el que las mamás y los papás se iban).

Cada uno encuentra rápidamente a qué jugar (Como Erik, Darío y Bárbara lo hacían en la mesa de arena, Mateo y Emma en el tobogán, Ainara con las muñecas…), enseguida se forma un grupito alrededor de los cuentos o se organiza un picnic en el escondite, y no faltan los emprendedores que montan los raíles para que pase el “tren de Matías” o un castillo con las construcciones.

Y de vez en cuando, alguna novedad: La mesa de luz, el supermercado, la arena mojada…

Entre juegos, canciones… llega el momento de la fruta al que añadimos siempre algún alimento más (¿Les gustarán este año a los nuevos niños y niñas los plátanos y las peras? Pronto lo sabremos). Pero lo importante no es la comida sino las relaciones que entorno a ella se crean, las largas conversaciones sobre los temas que ellos mismos sacan: un hermanito nuevo, la salida de fin de semana, el trabajo de mamá o papá… Y la colaboración espontánea que surge para quitar y poner la mesa. No paramos de sorprendernos de lo competentes que son.

Cada uno, en su momento de desarrollo, demuestra habilidades que surgen de su propio interés y del respeto por parte del adulto a “dejarles hacer”, sin meterles prisa, sin ayudarles, desde la confianza en sus capacidades.

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Las cuatro horas se nos pasan muy rápido en la observación de todo lo que acontece y en el acompañamiento individual de cada niño y cada niña, porque cada uno es singular y requiere una mirada y una palabra distinta. Pero aun así, casi siempre nos da tiempo a realizar una propuesta más de juego en el espacio contiguo (¿Qué hacemos ahora? -Seguirá preguntando Valentina-, ¡Tirar la torre ! -Que es lo que más le gusta a Elsa-).

Propuestas de psicomotricidad, música, arte, experimentación… donde cada uno es libre de participar o no y de utilizar los materiales según su propio proyecto; propuestas que enriquecen su pensamiento y les acercan al mundo de la cultura.

Todo está preparado para el juego. Energía e ilusión, renovadas.

Sin embargo, no podemos evitar un sentimiento de nostalgia al recordar las anécdotas de los doce niños y niñas que enriquecieron con sus juegos y descubrimientos este espacio el curso pasado. De la mano de sus familias, iniciaron nuevos apegos y conquistaron su propia autonomía; para ellas es nuestro agradecimiento, por su confianza y participación, y a los “peques”, les deseamos mucha felicidad en los nuevos espacios donde continúan su camino.

Abrimos la puerta, levantamos la persiana, nos quitamos los zapatos… Un pequeño hormigueo nos recorre las rodillas… Comenzamos el curso con la ilusión del que estrena y la incertidumbre del que sabe que cada día es diferente. Algunos como Valentina y Elsa continúan su proceso con nosotras, Luis y Telmo lo iniciaron el miércoles y otros comenzarán en unas semanas.

A todos, BIENVENIDOS A CRECIENDO.

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