¿Cuándo Empieza la Socialización?

proceso de socializacion

¿COMO SE CONSTRUYE EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN? ¿QUÉ APORTA LA ESCUELA INFANTIL? ¿Cuándo empieza la socialización?

El niño-a es un ser social desde la concepción y la vida intrauterina y por supuesto en el nacimiento

En el momento de nacer sufre la pérdida repentina de cuatro de las cinco partes de esa unidad indiscriminada intrauterina de su cuerpo: cordón, placenta, útero y líquido amniótico. Esta situación produce en cada criatura emociones arcaicas, angustias catastróficas que han descrito autores como  D. Winnicott, D. Anzieu, angustia de pérdida del cuerpo, de disolución de los límites, fragmentación, y se añade la fuerza aspiradora de la gravedad. Estas angustias sólo pueden ser neutralizadas porque afuera hay una envoltura protectora (los adultos que anidan a esta criatura) que amortigua el impacto con el mundo exterior,  contiene, retiene las partes dispersas, unifica, sostiene, cohesiona.

Wallon afirma que el niño-a desde que nace es un ser social, necesita de un OTRO para que pueda existir un YO. Y junto con BOWLBY,  señalan que desde el momento del nacimiento cada criatura posee un rico repertorio de actitudes expresivas (sonrisa, llanto, la mirada, el gesto…) que le permite establecer relaciones recíprocas con el medio social, condición para el crecimiento de la persona.  Bowlby le llama a estas relaciones vínculo de apego. Describe las conductas de apego como esas que el niño utiliza para disponer la proximidad o alejamiento del adulto. La finalidad del vínculo de apego es garantizar a cada niño-a  los cuidados del adulto y además, sostener la posibilidad de conexión con el mundo.

La neurociencia ha confirmado que el mayor desarrollo cerebral se produce después del nacimiento. En la Primera Infancia la red neuronal se conforma de manera extraordinaria y  el ambiente, juega un papel crucial en el desarrollo de la arquitectura cerebral, en las conexiones neuronales.  A los dos años el cerebro tiene el doble de conexiones sinápticas que un adulto. A los diez años este crecimiento está completo muriendo las sinapsis no estimuladas.

Las interacciones entre el adulto, quien se dispone a alojar al bebé, y el niño, quien necesita ser alojado, implican acciones recíprocas, mutuamente transformadoras, ambos son agentes activos en las mismas, la interacción constituye un sistema de ajuste mutuo, la conducta de uno incide en la del otro. La respuesta del adulto tiene en cuenta el deseo del niño, porque le acepta como interlocutor válido.

Estas transformaciones se vivencian en el cuerpo, interactúan mediante la comunicación tónica, en el tono muscular,  a través de gestos, miradas, sonrisas, movimientos… El espacio de diálogo que supone la interacción entre el adulto y el niño es en principio DIÁLOGO TÓNICO.

El diálogo tónico es tal, porque para que se produzca son necesarios dos  interlocutores ambos participantes activos en esta comunicación no verbal. El niño desde el nacimiento cuenta con una organización neurobiológica propia de la especie humana, y de la capacidad de generar un complejo sistema de comportamientos que lo habilitan para satisfacer sus necesidades físicas, emocionales… Que haya ausencia de palabra no significa que el bebé no comprenda, lo hace desde la prosodia de la lengua, utilizando su capacidad para interpretar las producciones corporales de los otros: los gestos, las miradas, las variaciones posturales, los diversos matices y tonalidades de la voz, es decir toda la información no verbal. El niño es sensible a esta información y reacciona a nivel tónico postural y emocional, logrando establecer una comunicación fluida con el ambiente más próximo. El diálogo tónico prepara al niño para lanzarse a la expresión verbal.

En esta situación de sentirse sostenido, escuchado en un entorno que reacciona a sus señales, a sus acciones,  es lo que le permite construir la confianza básica en los que le rodean, y pueden sentir el placer que le produce vivenciar la afectividad y la proximidad psíquica de un adulto que le quiere y que está disponible para él y sus necesidades.  Cada momento de interacción entre el adulto y el niño-a deja huella en el psiquismo en formación, cuanto mayor cantidad y calidad de huellas positivas, placenteras se establezcan en el psiquismo temprano del niño, más armónico será su desarrollo.

Estas son las bases de la socialización, la experiencia placentera de la relación con el otro.

La socialización es un proceso que los niños y niñas desarrollan en fases con el acompañamiento de adultos referentes para ellos y que les sirven de modelo.

¿Cómo acompaña la escuela infantil u otros contextos de socialización entre iguales el desarrollo de este proceso?

PILAR GARCÍA SANZ

Las Necesidades de los niños para construir el Vínculo

Las necesidades de los niños para construir el vínculo

¿CUÁLES SON LAS NECESIDADES DE LOS NIÑOS PARA CONSTRUIR EL VÍNCULO?

Acabábamos nuestra anterior entrada al blog CONSTRUIR EL VÍNCULO AFECTIVO MADRE-HIJO con esta pregunta a que vamos a intentar esbozar alguna respuesta.

Los niños y niñas cuentan con los recursos suficientes como para hacer por sí mismos, si se lo permitimos muchas más cosas de lo que podríamos suponer: mueve libremente sus brazos y piernas, gira la cabeza, percibe sonidos  y reconoce la voz, los olores de su madre, aprende que sus manos le pertenecen, que puede tomar y soltar, sacudir, frotar, golpear… que sus movimientos producen efectos sobre los objetos… y es de este modo como va explorando y haciendo suyo el mundo que le rodea, experiencias imprescindibles para conocerse y construirse a sí mismo, experimentar sus posibilidades de acción y descubrir. Es por esta razón que necesita que los adultos le permitamos y le facilitemos momentos de separación, de encuentro consigo mismo, de acción autónoma.

Es indudable que el contacto aporta un marco de seguridad muy necesario para que la acción autónoma sea posible. Pero no solo es importante el contacto corporal, hay otras maneras igualmente importantes para los niños y niñas: la intermediación de la palabra, la mirada, el tacto… la presencia sincera, la disponibilidad (“estoy aquí para ti, te estoy escuchando”).

Los niños y niñas necesitan la dualidad de la proximidad y la distancia, necesitan momentos de estar con la estrecha presencia de los progenitores y momento separación (relativa) para emprender la acción autónoma.

La función materna es también facilitar los medios para que el niño-a pueda construir  su identidad, haciendo sentir la presencia de su figura fundamental de referencia pero construyendo la distancia, es decir permitiendo tiempos de relación consigo mismo, con los objetos y con otras personas de su mundo próximo.

Dice Winnicot que es la manera en la que la madre expresa el amor en la forma más elevada: “no te quiero porque eres un bien para mi, quiero tu bien

Por tanto ENTENDEMOS:

  • El niño es una persona desde el momento del nacimiento, no es una prolongación de sus padres ni un proyecto de adulto, sino un ser completo que vive intensamente cada momento evolutivo por el que va transitando. Completo porque en cada uno de los estadios de su desarrollo tiene iniciativas, competencias (capacidad de hacer cosas por sí mismo), gustos y preferencias, deseos, necesidades y tiempos propios.
  • El niño/a necesita un adulto que le quiera y que esté disponible, y le permita vivirse también como ser independiente, porque cuanto mayor cantidad y calidad de huellas positivas, placenteras, se instituyan en el psiquismo temprano del niño más armónico será su desarrollo.

Estar disponible no significa estar todo el tiempo con el niño-a, significa también:

  • Respetar sus tiempos personales de maduración, no estar permanentemente estimulando para que acelere sus ritmos y crezca muy rápido, muy inteligente, muy…. Esto no quiere decir que estemos diciendo que los estímulos que ofrecemos a los niños-as a través de música, teatro… no sean positivos, sólo que en estas edades es condición imprescindible para su desarrollo, permitir su acción autónoma.

En general no se otorga suficiente importancia a la actividad independiente de las criaturas, es frecuente pensar que para ser buenos padres hay que estar siempre junto al niño-a, con la obligación de hacer algo con él todo el tiempo. No se creen importantes los descubrimientos que hace por sí mismo. Porque quizá todavía están por descubrir, en la sociedad, en las familias, las grandes capacidades que tienen los niños y niñas. Muchas veces y siempre desde querer “ofrecer lo mejor” a nuestro hijo-a estamos impidiendo (de muchas maneras) que los niños-as actúen por sí mismos (le tenemos “en brazos” todo el tiempo porque pensamos que es la manera de que establezca un buen vínculo, o que es lo que necesita en este momento…). Y esto tiene como consecuencia que los niños “esperen” que alguien venga a él, que le proponga algo, que el adulto le “haga hacer”, esperando pasivamente que alguien tome decisiones por él.

No tiene los mismos efectos para los niños-as aprender a través de su propia acción o de la acción de los otros, si ponen en juego su propia creatividad o la repetición de la propuesta que viene de fuera, por muy “estupenda que sea” a nuestro criterio de adulto. NOS PARECE MUY NECESARIO EL RECONOCIMIENTO DE LA ACCIÓN AUTÓNOMA DE LOS NIÑOS Y NIÑAS. NO ENTENDEMOS LA ACCIÓN AUTÓNOMA COMO LA REACCIÓN A LAS PROPUESTAS DE LOS ADULTOS.

El Vínculo Afectivo

 el vinculo afectivo

CONSTRUIR EL VÍNCULO AFECTIVO MADRE-HIJO/A

¿Cuál es nuestra mirada sobre los niños y niñas?

Los niños y niñas de la Primera Infancia no son criaturas incapaces, inmaduros… Los adultos tenemos que aprender a reconocerles su capacidad de ser activos en  la construcción de sí mismos. “El niño-a es una persona, pero es el otro quién le ofrece la envoltura y el sostén necesarios para su desarrollo armónico. Por eso la gran importancia de la calidad de nuestra presencia, de la función de contención y sostén del nuevo ser” (Rosemberg F.; “Guía para nuevos padres”, ed. Continente)

El nacimiento de un niño-a

  • Durante nueve meses crece en un mundo sin sobresaltos, flota en el líquido amniótico, que amortigua lo que ocurre en el mundo exterior, se alimenta y respira a través del cuerpo de su madre. No es mundo silencioso, percibe los sonidos por la respiración, el movimiento pero mecido y acariciado por el líquido y los tejidos uterinos, los sonidos de la respiración, de la actividad gástrica y los rítmicos latidos del corazón. Percibe situaciones de placer pero también de la tensión y malestar que experimente su madre.
  • En el nacimiento se produce un pasaje abrupto desde este mundo, en el que vive replegado sobre sí mismo, donde no hay registro de necesidad a otro lleno de estímulos impactantes: luces, sonidos, contactos nuevos, bruscos, movimientos inesperados, la fuerza de la gravedad… Este cúmulo de experiencias debe ser suavizado para que no invada súbitamente al niño o la niña.
  • Esta es la función del adulto que recibe a ese niño-a en sus primeros tiempos de vida: CREAR LA ENVOLTURA QUE AMORTIGUE EL IMPACTO DEL ENCUENTRO CON EL MUNDO EXTERIOR, ALOJAR A ESTE NUEVO SER.

¿CÓMO? ¿Qué TENEMOS EN CUENTA?

  • El niño cuando nace no está totalmente desprotegido, trae consigo las herramientas que necesita para poder vivir: la capacidad de adaptación, que hace que rápidamente el organismo adecue el sistema respiratorio, circulatorio y digestivo al nuevo medio físico en el que se encuentra
  • La posibilidad de comunicarse. Cuenta con un sistema de señales que expresan bienestar o malestar: tensión, crispación, descargas tónicas a través de movimientos desordenados, llanto…
  • PERO… según sean las respuestas que demos a estas señales será la calidad de la relación que establezcamos con nuestro hijo/a.

Nos preguntamos ¿hay una única manera de responder al niño-a? Pensamos que no, es preciso conocer las necesidades reales de los niños y niñas y la manera en la que construyen su identidad para abrir la mirada de los recursos que podemos ofrecer, fortaleciendo la calidad del vínculo desde el sentimiento de sentirse escuchado.

¿QUÉ NECESITAN LOS NIÑOS/AS?…

Qué hacer ante los mordiscos

qué hacer ante los mordiscos

QUÉ HACER ANTE LOS MORDISCOS LOS ADULTOS

¿TENEMOS QUE PERMITIR QUE LOS NIÑOS Y NIÑAS SE MUERDAN? NO

  • NO ES ADECUADO QUE PENSEMOS que es un acto en el que el niño que muerde quiera intencionadamente HACER DAÑO. No hay una víctima y un verdugo. Nos tenemos que preguntar ¿Qué está diciendo el niño/a con el mordisco?, ¿en qué situación ha sido? Para intentar comprender porque probablemente los niños y niñas de esta edad (de 1 a 2 años) no establecen una relación entre el morder y el dolor ajeno. Muchos niños de esta edad todavía no entienden cómo compartir las cosas o que el contacto físico puede causar dolor, y necesitan aprender otras maneras de comunicarse aparte de morder.
  • Vivirlo como un momento de su evolución en el desarrollo, sabiendo que evoluciona, que con la conquista del lenguaje, puede jugar libre y tranquilamente. No dramatizar. No mostrar al niño/a que nos afecta muchísimo, nos enfada, que nos hace estar muy pendiente de él, porque estaremos reforzándole sin querer esta acción. Buscará llamar nuestra atención a través de este recurso.
  • No debemos culpabilizar a los niños/as que han mordido. Comprender la necesidad del niño/a pero tratar de ayudarle para que busque otras maneras de expresión.
  • No permitir en la medida de lo posible, cuando ocurre ambos niños tienen que entender que eso no se lo podemos permitir, pero esto no garantiza que no vaya a ocurrir. Porque la necesidad del niño/a es muy fuerte. Es un proceso de acompañar expresando siempre lo mismo (p.e. “los mordiscos duelen y tu con tu boca puedes hacer daño, o también puedes dar besos, si necesitar morder te puedo ofrecer…” para que vaya pudiendo interiorizar otras formas de resolver conflictos, expresarse,…
  • Ofrecer apoyo y consuelo a ambos niños el mordedor y el mordido porque ambos necesitan la atención del adulto. El mordido necesita el consuelo y reconocimiento de sus sentimientos, de su dolor por parte del adulto y, el mordedor necesita orientación para convertir ese deseo de morder en una acción socializante.
  • Hacer una observación de los momentos en los que el niño/a siente el deseo de morder. Y tratar de anticiparnos, pero no siempre es posible. Es muy importante PONER PALABRAS a esa situación, “tienes hambre, tienes sueño, o veo que estás hoy muy irritado”, y ofrecerle la alternativa correspondiente. Poniendo palabras propiciamos que los niños y niñas vayan comprendiendo sus sentimientos y emociones y busquen otras maneras de expresión.
  • Orientar al niño hacía el juego y la comunicación, con una oralidad respetuosa, sin lastimarse ni lastimar. Pero para eso es necesario no juzgar a los niños/as. No transmitir un mensaje de que es “malo”, de que no sabe, … un mensaje de una imagen negativa de su persona, de sus actuaciones. No gritarle, no regañarle, ni hacerle sentir que no le aceptamos. No frustrar su deseo de utilizar la boca para chupar o morder los objetos.
  • Explicar de manera tranquila, sosegada los efectos de su acción, MORDER DUELE, hace daño, y darle alternativa, “puedes utilizar tus dientes para morder pan, manzana…” “entiendo que tengas ganas de morder y para eso te voy a ofrecer una galleta, una trozo de manzana…” porque no te puedo permitir que muerdas a los otros niños y niñas porque yo estoy aquí para cuidar de ti, de que no te lastimen y que tú tampoco lastimes.
  • Orientar esa oralidad hacía lo positivo, mostrarle como con la boca puede expresar afecto a los demás y darle un beso. Pero somos los adultos los que podemos compensar esa situación, no sería positivo empeñarnos en que los niños y niñas protagonistas del conflicto, se den un beso. Porque las expresiones de perdón y de cariño no pueden ser impuestas, obligarles a darse un beso no repara los sentimientos de ninguna de las partes. El mordido está enfadado y puede ser que no quiera un beso, y el mordedor puede no entender porque se ve obligado ha hacer eso.
  • Permitirle y proponerle actividades de transformación en el juego: desarmar, desordenar, lanzar, empujar,… En estas acciones el niño se siente autor de esas transformaciones.
  • Si es nuestro hijo/a el mordido, no pensar que es una “víctima inocente” del maltrato por parte de los otros niños y niñas. Está en el mismo proceso de desarrollo que los demás y puede en algún momento sentir esa misma necesidad. Y tendremos que comprenderle y escucharle.

ACTUACIONES DE CARÁCTER GENERAL QUE FAVORECEN EL CONTROL DE MORDER

  • Permitirles márgenes de acción autónoma y de movimiento libre, es decir que los niños y niñas puedan estar en un entorno preparado para ellos, libre de peligros en el que puedan desarrollar acciones de exploración y transformación del entorno (apilando los objetos, reordenando,…). Para ello es necesario poner a su alcance objetos y materiales que permitan estas acciones (botes, cajas, cubos pequeños, materiales para llenar y vaciar (piedras, pinzas de la ropa, pelotas pequeñas, …) y no solo los “juguetes didácticos” que le ofrecen una única posibilidad de acción.
  • Ofrecer a los niños y niñas tiempo y espacio para expresar sus necesidades y deseos en todas las áreas de la vida para vivir su competencia y esto les devuelve un sentimiento que les habla de su capacidad de influir en los otros y la seguridad de que los otros le escuchan.
  • Permitirles tiempos de jugar solo y feliz, no estar permanentemente acompañando su juego, necesita construir sus propios espacios de juego, sin nuestra presencia directa.
  • Tratar de poner LÍMITES claros, ofreciendo alternativas. Los niños van teniendo conciencia de lo que pueden hacer y lo que no pueden a través de los límites que les ponemos los adultos. Los límites son balizas, señales que les indican a los niños y niñas que por ahí no pueden pasar, pero que los integren en su comportamiento va a depender de cómo lo hagamos los adultos. Poner límites es una tarea difícil que los adultos tenemos que aprender.
  • Ofrecer confianza y seguridad pero sin sobreproteger, los niños y niñas tienen que hacer sus propias experiencias y desarrollar estrategias personales para resolver los pequeños conflictos. Si se SOBREPROTEGE SE GENERA DEPEDENDENCIA. Niños y niñas que no si no está el adulto de referencia no toman iniciativas.
  • Ofrecer reconocimiento a sus sentimientos y emociones en cualquier circunstancia. Escuchar lo que nos dice, por ejemplo: si se cae y llora no podemos decir “no pasa nada”, reconocerle que se ha hecho daño y que estamos para consolarle.

Causas de los Mordiscos

Causas de los mordiscos

Como ya dijimos en la anterior publicación no hay  una sola causa para explicar porque muerden los niños y niñas, son muchas las causas y cada criatura vive las suyas de manera particular.

Hablamos de algunas causas de los mordiscos relacionadas con la necesidad de los niños y niñas de afirmarse como sujetos autónomos, con su deseo de diferenciarse del adulto.

Ahora abordaremos otras posibles causas y también las estrategias de intervención de los adultos:

  • Frustración u otros sentimientos incómodos, no saben expresar de otras maneras sus sentimientos fuertes, no cuentan con palabras para poder expresar incomodidad física de cualquier tipo: hambre, sueño, dolor,… frustración porque le han quitado un juguete: “quiero ese juguete”, “no quiero que estés aquí, me molestas”…
  • También pueden morder porque simplemente hay algo allí que pueden morder; por una emoción excesiva, porque están emocionados o reciben demasiado estímulo (por ej., una música que les altera…). No tienen aún control sobre sus emociones, y necesitan comunicarlas, viven gamas extremas emocionales, pueden pasar de la alegría al enfado, sin oportunidad de controlar la causa. Situaciones de cambios grandes para ellos en su vida cotidiana (cambio de piso, dejar la teta, cambio a una nueva habitación, nacimiento de un hermano,…) puede provocar esta necesidad de morder.
  • Dentro de esta gama emocional se puede producir una expresión equivocada del amor (perturbación del beso), sobre todo si no hemos puesto límite a esa expresión cuando se ha producido, cuando nos pegan no podemos permitírselo: “veo que estas enfadado, pero no puedo permitirte que me pegues o que me muerdas”, y no pensar que ya cuando sea más mayor aprenderá.
  • Dificultades para jugar con otros, están iniciándose en la experiencia social y todavía no saben manejarse en las situaciones con otros.
  • Descubrir la causa-efecto, están descubriendo que pueden transformar las cosas, el espacio, que sus acciones tienen efectos, y que sus dientes transforman los alimentos, prueban a ver que sucede cuando muerden a otro. Aprenden que con sus dientes producen una reacción grande tanto en los niños como en los adultos. Tiene que ver con la necesidad de la acción y exploración para poder descubrir y aprender.
  • Estimulo oral, están en la fase oral y por tanto son muy importantes las informaciones que les llegan  a través de la boca, y morder les aporta información. La dentición está en un momento en el que la boca les duele, les molesta y esto les causa cierta irritabilidad que puede llevarles a morder.
  • Imitación, aprenden por imitación y si ven que otros niños y niñas muerden y reciben una gran atención por parte del adulto (aunque no sea una atención adecuada), los niños y niñas imitaran esa conducta para probar que pasa con los adultos que la rodean en relación a ellos.

Los Mordiscos

Los mordiscos

LOS MORDISCOS DE LOS NIÑOS Y NIÑAS ENTRE UNO Y DOS AÑOS ¿POR QUÉ MUERDE UN NIÑO O UNA NIÑA?

Ha comenzado un nuevo curso y muchos niños y niñas pequeños han iniciado su primera experiencia de socialización, han pasado de estar en casa con algún familiar a incorporarse a un contexto de escuela infantil, y con ello van a iniciar una experiencia de convivencia con otros niños y niñas.  Esta experiencia va a ser muy gratificante, les va a ayudar a crecer, van descubrir que los otros tienen deseos y necesidades distintas a las de él o ella, pero a la vez, por lo que aprenderá de la mano de un adulto respetuoso con el proceso social del niño, a negociar, a ceder, a defender lo suyo, a escuchar y a ser escuchado,… y también a que hay LIMITES  que  no se pueden traspasar, como es el caso de la agresión.

¿Por qué muerde un niño o niña?. No sabemos las razones particulares por las que cada criatura realiza las distintas acciones, para ello,  tendremos que observar a cada niño/a y descubrir en qué contexto lo hace, a quién, en que momentos,… para conocer la particularidad de esa criatura porque no podemos establecer generalizaciones que valgan para todos.

Lo que si puede ser generalizable es el sentimiento que nos provoca como educadores y educadoras estas expresiones de los niños y niñas cuando son repetidas:  culpa por no haberlo podido evitar, juicio al niño/a mordedor e incluso como consecuencia cierto malestar en la relación con ese niño/a y no se le ofrece la respuesta que necesita, y por supuesto el temor a la reacción de las familias, que como es lógico no es recibido, en general con “satisfacción”

Pero para que los adultos podamos comenzar a entender porque los niños y niñas se expresan de esta manera,  vamos a acercarnos a los hitos del desarrollo de las criaturas de estas edades y a la comprensión de la agresividad en los niños y niñas, de la mano de Francis Rosemberg.

Los niños y niñas desde muy pequeños sienten la necesidad del movimiento y de la acción y es por medio de ésta que el niño puede tomar distancia del adulto y afirmarse a sí mismo.

Esta necesidad de discriminarse del otro aparece muy temprano: alrededor de los 8 meses, puede abrazar a su madre e inmediatamente pegarle o morderla. Y más tarde, hacía los 2 años, etapa del negativismo y oposición, en la que con sus grandes posibilidades motrices, del lenguaje y pensamiento, busca afirmarse como sujeto autónomo.
Esto es lo que algunos autores llaman “agresividad primaria” que surge del deseo y necesidad de diferenciarse del adulto porque necesita comenzar el proceso de “individuación”, de la construcción de la propia identidad.

Por otro lado hasta los dos años, el niño se encuentra en la fase oral del desarrollo, es la oralidad la fuente principal de conocimiento, de placer y de satisfacción de las necesidades. En el segundo año de vida aparecen los dientes y la capacidad de transformar con ellos, masticar, morder… puede transformar más fácilmente los alimentos y los objetos y siente el placer de dominar, de atrapar con toda esa oralidad, como una forma de diferenciarse del otro y de construirse a sí mismo.

Cuando el niño/a descubre su poder de acción sobre su propio cuerpo y sobre los objetos y los demás, quiere ejercer ese poder para conquistar el mundo. Su deseo es “ser reconocido como sujeto activo”.

Esto supone para los niños y los adultos un conflicto que hay que saber resolver. Por un lado nos encontramos con la necesidad del niño/a de expresar la agresividad primaria como elemento de autoafirmación, pero por otro lado está la necesidad del adulto de poner límite a esta expresión sobre todo cuando el niño se encuentra cotidianamente en un grupo de iguales.

¿Qué PODEMOS HACER?  ¿Cuál ES NUESTRO PAPEL PARA FAVORECER EL CONTROL DE MORDER?

Aspectos Emocionales de Dejar el Pañal

Aspectos Emocionales de Dejar el Pañal

Hemos hablado de los aspectos fisiológicos y neurológicos del control de esfínteres y ahora abordaremos los aspectos emocionales de dejar el pañal.

Los niños y niñas para comenzar a asumir el control de sus esfínteres necesitarán haber realizado un recorrido en su desarrollo psicológico y emocional que les permita:

  1. Aceptar no satisfacer inmediatamente sus necesidades, estar dispuesto a dejar por un tiempo su actividad y hacer pis o caca en el lugar que lo hace el adulto. Hasta el momento se le había permitido hacer sus necesidades en el pañal, sin embargo a partir de iniciar el proceso del control ha de acudir al baño y asumir la norma adulta.

Que los niños y niñas quieran hacer la experiencia, muestren interés, asumiendo lo que les supone de separación de sus figuras de referencia y asumir la ley del adulto requiere gran fortaleza y vivir todos los momentos del proceso con satisfacción.

Es un cambio importante y, por ello, no es lineal, tiene avances y retrocesos. Los cambios provocan reservas, inseguridades en los niños y niñas y en los adultos. Por eso, a veces controlan durante un tiempo, y durante otro periodo dejan de hacerlo.

Es una decisión que cada criatura adopta de una manera diferente, algunos lo hacen inmediatamente y otros precisan de más tiempo.

Hay niños y niñas que están preparados físicamente para abordar el control de sus esfínteres pero emocionalmente no quieren dar el paso. Pedirles que controlen antes de estar preparados puede provocar alteraciones como por ejemplo el estreñimiento.

  1. Sentirse competente y capaz, poseer una buena imagen de si mismo, una buena autoestima que construirá a través de la mirada y el reconocimiento de sus capacidades por parte de sus adultos de referencia afectiva. Este sentimiento le permitirá acercarse al salto mental y social que es el control de esfínteres con seguridad y confianza en sí mismo y realizar un recorrido feliz.
  2. Conocer y comprender lo que los adultos le están pidiendo para poder hacer suya la manera de funcionar de los adultos. A los niños y niñas les interesa y les complace ser como los mayores.
  3. Haber construido su imagen corporal, conocer e identificar las partes de su cuerpo, sus sensaciones y emociones de una manera adaptada a su edad. Es un momento de identificación y toma de conciencia de quién es él y quién es el otro,  de los propios límites en lo corporal, lo psicológico y lo emocional. Para ello es fundamental dar pasos en su proceso de autonomía.

Es muy importante para los niños y niñas que los adultos, familia y educadoras/es tengamos en cuenta que el control de esfínteres no es un objetivo nuestro, por el contrario es un proceso personal, diferente y único que realiza cada criatura. Nuestro papel es acompañar, respetar, dar tiempo, no forzar (no perseguir al niño/a con el orinal, no chantajear para que hagan pis o caca en el wáter, no sentar a los niños y niñas en el orinal hasta que obtengamos el resultado esperado por nosotros y muchas veces sin sentido para ellos, no hacer una fiesta cuando hacen pis o caca para que no sientan que tienen que responder a nuestras expectativas,…).

Pero los adultos si podemos ayudar a los niños y niñas a realizar esta conquista a través de unas actitudes que favorezcan este proceso.

Aspectos Neurológicos de Dejar el Pañal

dejar el pañal: aspectos neurologicos

Implicación de los Aspectos Neurológicos de Dejar el Pañal

En la entrada del blog anterior hicimos una introducción al proceso del control de esfínteres y explicamos que es un proceso en el que están implicados aspectos neurológicos, psicológicos y emocionales. Ahora queremos dar unas pinceladas sobre los aspectos neurológicos del control de esfínteres.

En la pelvis están los órganos de la micción y la defecación, los músculos del suelo pélvico. Esta musculatura necesita realizar un proceso de maduración.Aspectos neurologicos

Los niños y niñas pueden controlar esfínteres cuando esta musculatura ha madurado, se ha tonificado y pueden realizar la contracción muscular.

Como podemos observar en la imagen tenemos dos esfínteres, el interno, involuntario y regulado por el sistema nervioso, y el externo, voluntario y por lo tanto es el que podemos contraer.

Para poder llenar la vejiga el músculo de la misma se relaja, cuando llega a cierto nivel de presión el cuerpo manda al cerebro la sensación de tener que vaciar la vejiga, y se abre el esfínter involuntario y, en los niños y niñas pequeños/as,  como el esfínter voluntario no tiene fuerza para contraer la orina sale de manera automática. Solo cuando se ha producido la maduración muscular, el esfínter voluntario puede contraerse, cerrarse y decidir retener la salida de la orina. Esto es una prueba de que el Control de esfínteres no es un proceso de aprendizaje sino de maduración.

Las conclusiones que podemos sacar extraer son las siguientes:

  • Los niños y niñas podrán iniciar el proceso de control de esfínteres cuandoAspectos neurologicos sean capaces de abrir y cerrar voluntariamente el esfínter de la vejiga y de la zona anal.
  • El control de esfínteres comienza desde bebés. Cuando el bebe sube las piernas y ejercita las abdominales está iniciando la maduración de la musculatura que posteriormente intervendrá en el control de esfínteres. El movimiento libre les permite tonificar los músculos del suelo pélvico..
  • La ejercitación libre y autónoma de las posturas y movimientos propios de las distintas fases de su desarrollo motor, permiten al niño-a no solo tonificar constantemente sus músculos, sino también hacerlo de manera ajustada. Por ello es necesario no adelantar posturas, no poner a un niño en una posiciones que no haya conquistado por sí mismo, para no forzar la musculatura; la presión sobre el suelo pélvico sería excesiva cuando aun esos músculos no están bien tonificados.
  • El tono muscular es personal y depende de las emociones, cuando estamos nerviosos nuestro tono muscular es alto. Es importante para todos, pero sobre todo para los niños y niñas tener un tono muscular relajado, creado por un ambiente sereno, tranquilo, un contacto suave, cuando cambiamos el pañal, y una relación con el control de esfínteres sin exigencias a las que no puede dar respuesta, sin presiones para que haga pis en el orinal o en el wáter, dando tiempo a que el proceso neurológico entre otros, se desarrolle.

Retirar el Pañal en Verano

retirar el pañal en verano

Estamos en el buen tiempo y muchas familias se plantean retirar el pañal en verano. ¿Pero es suficiente razón para iniciar el control de esfínteres el buen tiempo?¿Qué supone para los niños y niñas controlar sus esfínteres?, ¿llegar a controlar los esfínteres es el resultado de un entrenamiento del niño por parte de los adultos o es algo más?…

El control de esfínteres es el resultado de una paso importante en el desarrollo cognitivo y emocional, social del niño y la niña, en el que toman, la decisión de contener su necesidad de hacer pis o caca, abandonando la comodidad del pañal y la satisfacción inmediata de sus necesidades.

¿Cuándo es el momento para quitar el pañal?

El control de esfínteres es un proceso complejo que necesita la maduración neurofisiológica, cognitiva,  psicológica y emocional. El proceso madurativo es personal, lo va a realizar cada niño. Cuanto más respetemos ese proceso los adultos se realizará con mayor eficacia y tranquilidad.

Es necesario realizar un acompañamiento adecuado sin forzar, sin exigir, sin insistir. El niño y la niña se van dando cuenta donde van al baño los mayores, qué hacen, los puede llegar a imitar, puede llegar hacerlo cuando le moleste el pañal, pero va a ser una construcción propia no va a producirse porque los adultos nos empeñemos en enseñarle.

Los adultos estaremos atentos a las señales que muestra el niño o la niña de interés por el orinal, que puede estar presente en el baño como un elemento más para ofrecérselo cuando descubramos que tiene interés y por edad (alrededor de dos años ) la posible madurez para afrontar el proceso. Simplemente se lo ofrecemos si quieren aproximarse, experimentar, diciendo: “veo que estás haciendo pis o caca”, mira si quieres puedes hacerlo aquí” pero sin insistir.

Hasta que consigue hacer pis o caca en el orinal tendremos que respetar su iniciativa y su deseo de querer o no usar el orinal. Desde el primer día que coge el orinal hasta que lo usa pueden pasar varios meses. Es normal que éste proceso dure tanto tiempo. Quitar el pañal no es una decisión del adulto sino que es compartida con el niño cuando muestra señales de estar preparado y querer hacerlo.

No es un proceso lineal, se desarrolla haciendo bucles, los niños pasan por diferentes fases (querer usar el orinal, dejar de usarlo, en algún momento expresar que se quita el pañal y no querer ponérselo, o no querer quitarlo,..). La actitud de adulto deberá ser de respeto a los tiempos y al proceso del niño/a permitir, apoyar, no culpabilizar y mucho menos castigar.

INDICADORES QUE NOS INDICAN LA MADUREZ DEL NIÑO Y LA PROXIMIDAD DE LA RETIRADA DEL PAÑAL

  • Camina y tiene un buen equilibrio, sube y baja solo.
  • Quiere colaborar en vestirse, “yo lo hago”, “yo solo”.
  • Tiene interés en quitarse y ponerse el pañal.
  • Sabe muchas palabras sobre el tema: pis, caca,… e identifica lo que tienen en el pañal.
  • Realiza juego simbólico con el tema de la caca y el pis.
  • Se interesa y pregunta por lo que hacemos los adultos cuando vamos al baño, quiere observar. El control de esfínteres también es un proceso cognitivo, un proceso de comprensión. El niño quiere hacer suya la ley del adulto, saber cómo funcionamos.
  • Se interesa por las diferencias sexuales

El Juego y la Publicidad

EL JUEGO Y LA PUBLICIDAD

La televisión es una niñera, es la gran iniciadora para los niños y los adultos en los hábitos de consumo.

Los anuncios están dirigidos a los padres que son los que tienen el dinero pero atrapan a los niños. En palabras de un publicista: “si podemos poner a los niños de nuestra lado, entonces todo será más fácil”.

Algunos de vosotros pensaréis que a vuestros hijos e hijas no les afecta la publicidad porque no ven la televisión, pero ¿es así?, no claramente, porque las empresas tienen muchos recursos para iniciar a los niños y niñas en el consumo a través, por ejemplo, del mercado que se genera alrededor de las series o los dibujos infantiles de moda: mochilas, álbumes para coleccionar, libros de cuentos, disfraces, ropa, comics… Todo sirve para potenciar su gusto normal por poseer y coleccionar.

Todo el mundo infantil se convierte en publicidad, podríamos hacer un esfuerzo y pensar ¿Qué personajes infantiles no han servido para vender alguna cosa? ¿Peppa pig, Bob esponja, Pocoyo, Dora la exploradora…?, ¿Cuántos objetos tienen nuestros hijos e hijas de estas series? ¿Nos hemos planteado que cuando los usan están haciendo publicidad gratuita?, e indirectamente ¿cuánto dinero hacemos ganar a las televisiones y a las marcas?. Los niños y niñas con sus personajes favoritos se convierten en una gran máquina de publicidad gratuita. Cine, vídeos, series son publicidad sumergida y directa para renovar el mercado del juguete que, cada temporada, anima a niños y niñas a identificarse con nuevos personajes e iniciar una nueva espiral de consumo: ropa, adornos, mochilas, cromos,…

Los niños y niñas de 0 a 6 años están en la fase de la construcción de la identidad y tienen para ellos un gran valor los modelos adultos, y también los personajes de ficción con los que se identifican. Tienen una gran fuerza las vitrinas de los supermercados, librerías, jugueterías, … que anuncian o exponen a sus personajes favoritos, por eso, poner el límite es una responsabilidad del adulto.

Los anuncios atrapan a los niños y niñas y a los adultos porque juegan con todas las imágenes de lo que puede ser un niño o una niña: enternecedor, ingenuo, tierno, espontáneo, divertido… Los creadores publicitarios explotan todas estas características que tienen una gran fuerza simbólica, y que empatizan con muchos adultos. El producto es secundario y lo que reviste importancia es la significación simbólica del artículo y los valores que artificialmente se encuentran incorporados a él.

Algunos de los trucos que utiliza son: una imagen repetitiva y atractiva para llamar la atención, música pegadiza, sonidos y ruidos que dan fuerza al mensaje publicitario. Ambientes no reales, decorados imaginarios, efectos especiales, lenguaje engañoso.  Colores discriminatorios: vivos y brillantes para niños y dulzones para niñas,… La publicidad sigue transmitiendo valores sexistas según un estudio del año 2012 de la Universidad Rey Juan Carlos.

Los niños y niñas a lo largo de su vida se hacen grandes acumuladores de cosas que no usan, parece que CRECER SE ASIMILA A CONSUMIR, se cultiva la imagen del “ser teniendo”. Erick Fromm en su libro “Tener y Ser” nos recuerda  “La satisfacción ilimitada de los deseos no produce bienestar, no es el camino de la felicidad ni aun del placer máximo… Consumir tiene cualidades ambiguas: alivia la angustia, porque lo que tiene el individuo no se lo pueden quitar; pero también requiere consumir más, porque el consumo previo pronto pierde su carácter satisfactorio. Los consumidores modernos pueden identificarse con la fórmula siguiente: yo soy lo que tengo y lo que consumo”

¿Qué podemos hacer? Algunas pistas

  • Plantearnos como familias ¿cuáles son los valores fundamentales en los que queremos educar a nuestros hijos/as? ¿qué recursos, qué modelos de identificación presentamos?
  • Como adultos responsables ser conscientes de los procedimientos que utiliza la publicidad y de que es un vehículo de falsos valores, para tener más recursos para neutralizar sus efectos. Con niños de 5 y 6 años y se puede desarrollar una Pedagogía de la publicidad, estableciendo un diálogo sobre sus procedimientos engañosos o sobre las propiedades reales de los objetos anunciados.
  • Saber decir NO para no convertir el juego, principal actividad de los niños y niñas, en una acción consumista porque “la abundancia de juguetes conducirá a matar el juego” (Sarazanas R., Bandet J. “El niño y sus juguetes”, Educación hoy, 1982)
  • Tomar conciencia del peso que sobre los niños/as, tienen los comportamientos y actitudes del adulto como modelo a imitar. Favorecer juegos variados con objetos y materiales diversos, en los que no estén necesariamente los juguetes comerciales.
  • Desarrollar una conciencia medioambiental. La gran cantidad de juegos y juguetes elaborados por nuestra sociedad de consumo supone un importante impacto medioambiental, ya que gran parte de estos materiales están hechos de plástico..